âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
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âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
âQuiero que me des un hijo o irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âdijo, y todo en mĂ se paralizĂł. âÂżEstĂĄ loco? ÂżCĂłmo podrĂa parirle un hijo y entregĂĄrselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel⊠âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la miseria. No tienes opciĂłn. Solo es alquilar tu vientre, y punto âdijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella habĂa robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo mĂĄs remedio que aceptar darle un hijo. Ăl arrojĂł un contrato frente a ella: âAparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses despuĂ©s, Ă©l era quien se pegaba a la puerta de su habitaciĂłn dĂa tras dĂa, rogando por besos y abrazos. âÂĄSeñor Morgan, compĂłrtese! âAbre. El contrato dice que tĂș no puedes acercarte a mĂ. ÂĄNo dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov SalomĂ© âPasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dĂłnde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazĂłn indica lo asustada que estoy. JamĂĄs he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de MedellĂn o de BogotĂĄ cuando me tocĂł estudiar mi carrera. Toda mi vida vivĂ en las lĂneas latinas de mi paĂs, y tener que dejar mis raĂces por un mejor futuro para mi hermana y para mĂ no es nada fĂĄcil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosiĂłn de una caldera. Ha sido difĂcil sobrellevar el duelo y mĂĄs al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» MamĂĄ siempre decĂa que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metĂĄlicas que le dan inicio a la entrada al aviĂłn y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. âYa estamos aquĂ SalomĂ© âme hablo a mi misma mientras resoploâ, tenemos que conquistar a los europeos âsonrĂo con picardĂa. ⊠El clima gĂ©lido de Florencia nos recibe muchas horas despuĂ©s. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a SofĂa entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la lĂnea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tĂa Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casĂł hace mucho con italiano que la trajo aquĂ, pero que muriĂł años despuĂ©s dejĂĄndola con una casa hipotecada y un montĂłn de deudas que pagar. El semĂĄforo indica mi pase y decido caminar despuĂ©s de dar un Ășltimo vistazo, pero⊠un auto de alta gama pasa saltĂĄndose la luz en rojo y llenĂĄndome la ropa de agua. âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âle grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a SofĂa que aĂșn estĂĄ somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «EstuviĂ©ramos en mi paĂs y le partirĂa el vidrio con una piedra» âMalditos europeos insensibles âexclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» âUna tarjeta para hacer llamadas âle pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambiĂ© al bajar y luego me voy a los telĂ©fonos pĂșblicos que estĂĄn cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el nĂșmero de mĂłvil de mi tĂa quien contesta al tercer pitido. âTia Victoria soy yo, ya estoy aquĂ âhablo sintiendo el frĂo en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tĂa me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a SofĂa. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. âÂżYa llegamos o falta mucho? âme pregunta abrazĂĄndose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la lĂneas de buses que, unos minutos despuĂ©s nos deja en mi destino. La casa de mi tĂa no estĂĄ nada mal, de hecho es bastante cĂĄlida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardĂn y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejĂĄndose a una urbanizaciĂłn de clase media en lo que serĂa mi paĂs. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillĂłn agotada. âTe traje cafĂ© mijita âhabla mi tĂa sentĂĄndose a mi lado. âGracias tĂa âle digo tomando la tasa que llevo a mis labios y quĂ© soplo antes de ingerir. âÂżEs muy difĂcil conseguir trabajo? Me gustarĂa mañana dedicarme a eso, SofĂa no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crĂłnica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalizaciĂłn. âCĂĄlmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo âme dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tĂa Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quiĂ©n pagĂł todo el viaje para traernos, pero, la edad pasĂł por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. âHas hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difĂcil âdigo tomando sus manos con cariño. ⊠âLo siento señorita, estĂĄn buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algĂșn paĂs europeo âme dice la mujer despuĂ©s de leer mi currĂculum. âPero sĂ© hablar italiano, y dos idiomas mĂĄs âme quejoâ, por favor señorita necesito el trabajo, crĂ©ame que soy buena publicista âle suplico. âNo estĂĄ en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros⊠âme dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. âUstedes son una cuerda de incompetentes âhablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las Ășltimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se estĂĄ agotando y el inhalador de SofĂa se estĂĄ acabando. âSeñorita cĂĄlmense âhabla la mujer asombrada por mi actitud. âNingĂșn cĂĄlmense, ÂżcĂłmo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradĂșan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos dĂa a dĂa para lograr nuestras metas; cada tĂtulo, cada nota que he obtenido es bien merecida âlos ojos se me llenan de agua. âIntentarĂ© hablar con el jefe âme dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero⊠una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa direcciĂłn para ver de quiĂ©n se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. âLo siento âme saca la recepcionista de mis pensamientosâ, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse âbaja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difĂcil» Pienso mientras me limpio las lĂĄgrimas. Volteo a darle un Ășltimo vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquĂ» Es un edificio de vidreos negros, con un jardĂn extenso y como de cien pisos a eso sumĂĄndole que el edificio del alfrente se comunica con Ă©l por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardĂn siento como la puerta se abre para darle a paso a SofĂa; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. âNo puedes estar corriendo Sofi âle digo besando su frenteâ, sabes que por cualquier cosa te agitas. âHoy me siento bien SalomĂ©, es mĂĄs creo que ya estoy curada. ÂżSabĂas que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? âpregunta y abro la bocaâ, asĂ que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que⊠Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. SofĂa se rĂe y yo entro con la cara teñida de vergĂŒenza. «¿DĂłnde lee esas cosas?» âAnda a tu habitaciĂłn araña tejedora âla reprendo dĂĄndole una palmada en las nalgas. SofĂa hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tĂa la reprende gritĂĄndole que no corra. âÂżConseguiste algo? âMe pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el cafĂ© con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. âSofĂa tuvo una crisis âsuelta y me pongo de pie de inmediatoâ, tranquila, la vecina de la esquina que tambiĂ©n tiene a un hijo asmĂĄtico me prestĂł su inhalador y logrĂ© estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o⊠âMe froto la frente. âEntrĂ© a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa mĂĄs hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayorĂa de los rascacielos me pusieron la piel chinita âle confieso recordando todo lo que vĂ de regreso. Al principio no supe cĂłmo lleguĂ© a ella, pero cuando salĂ me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. âConglomerado Morgan âdigo suspirando. Mi tĂa escupe el cafĂ© que estĂĄ bebiendo y yo la miro mal. âÂżDije algo malo? âpregunto confundida. âNi se te ocurra buscar trabajo ahĂ, si bien es la empresa con mĂĄs oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos âme habla y abro la bocaâ, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilĂcitos âexplica y una corriente me recorre la espalda. âEs una empresa de licores âbufo. âEl dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa SalomĂ© âme dice saliendo de la cocina. ⊠A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivaciĂłn. «Rendirse es la Ășltima opciĂłn» La vecina de mi tĂa me prestĂł un traje de pantalĂłn ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparaciĂłn con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalĂłn. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. SofĂa aĂșn sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmiĂł hasta que la pasĂł. «Necesito encontrar empleo rĂĄpidó» Salgo en busca de ello, pero⊠como todos los dĂas las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de ârestaurante gourmetâ decido entrar a pedir empleo pero⊠la recepcionista me dice que no estĂĄn atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y⊠mis ojos se desvĂan a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero estĂĄn tan distraĂdos que⊠âNo SalomĂ© nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo âme digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y SofĂa necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robĂłtica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, peroâŠlas alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. âÂĄUna ladrona! âgritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu SalomĂ© corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrĂĄs y⊠cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. âÂĄAlto, entregue lo que tomĂł señorita! âdice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiraciĂłn se agite y mi frente sude, hasta que⊠llego a un callejĂłn en dĂłnde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrĂĄs de mĂ no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero⊠no estĂĄ, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corrĂa» âMaldiciĂłn SalomĂ© ni para robar sirves âgolpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejĂłn lista para irme a casa, pero⊠no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniĂ©ndome a pasar saliva. «En quĂ© me metĂ Dios mio» âNo disparen por favor soy inofensiva âhablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atenciĂłn; es un hombre grande, con mĂșsculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del cĂ©sped. Su mandĂbula cuadrada mĂĄs el animal que sostienen en su correa me indica: ÂĄPeligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una apariciĂłn irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero⊠âVamos niña mi reloj âhabla serio. âYo⊠es que⊠âtartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpide. âLo perdĂ âsuelto asustada. II Un robo peculiar Pov DamiĂĄn Recibo lo que me entregan y salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulaciĂłn de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mĂ. Avanzo por la vĂa principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «MaldiciĂłn» La desesperaciĂłn, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semĂĄforo que se indica el paso peatonal y⊠âÂĄImbĂ©cil! ÂĄÂżNo ves?! âgrita una loca. La miro por el retrovisor dĂĄndome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansiĂłn que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiraciĂłn la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisĂĄceo mĂĄs sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y Ășnica compañĂa en esta mansiĂłn. âAcompåñame a tomar un trago âle pido tocĂĄndole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dĂłnde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardĂn y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel hĂșmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. ⊠âQuiero un hijo âhablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta LucĂan, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. âNo te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dĂ© uno de los de ella y ya estĂĄ âse me burla y lo volteo a mirar de mala gana. âPon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya estĂĄ âle dejo claro logrando que su mandĂbula se abra. Cuando Ă©ramos jĂłvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, mĂĄs botas deportivas como si no tuviĂ©ramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. âÂżQuĂ© mierda te metiste DamiĂĄn? ÂżQuiĂ©n en su sano juicio te parirĂĄ un hijo y ya estĂĄ? Procedes de una fama y⊠âOfrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme âle pido fastidiado. âÂżEres gay, es eso? ÂĄDios! Luciano se va a morir cuando lo sepa âhabla asqueandomeâ, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer⊠âDeja de decir idioteces y largo de mi oficina âlo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sĂ© que terminarĂĄ por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mĂo. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansiĂłn mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta mĂĄs a mis muslos. âUn hijo Aston, solo un hijo es lo que pido âle hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. ⊠âSeñor, puede revisar estĂĄ solicitud, es que la señorita insiste enâŠâle paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quiĂ©n es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenĂan un reconocimiento, desde que las tomĂ© hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo Ă©l de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos despuĂ©s llegamos al hotel Calimala dĂłnde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito mĂĄs publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. âTenemos promociones, tambiĂ©n somos la Ășnica empresa en el mercado que da un mĂnimo de crĂ©dito con porcentaje de comisiĂłn muy bajos âhabla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan mĂĄs ganancias» âSi quieres las lĂneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumĂĄndole que estamos terminando la de cebadas âexplica mi hermano. âY a esa tambiĂ©n le daremos el mismo porcentaje de descuento âexplico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una lĂnea, estĂĄn sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancĂa y sĂ© cuĂĄles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya estĂĄ. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la informaciĂłn que le entregan mis empleados de manera digital y⊠âMe gustarĂa firmar con ustedes, de verdad he buscado estĂĄs promociones con lĂnea de crĂ©dito y no la he encontrado âdice logrando que explaye una sonrisa. âNos reuniremos en unos dĂas para leer los contratos y firmar âhablo poniĂ©ndome de pie mientras abotono mi traje. âEl cliente es mĂo Alexâ Le escribo a mi primo que estĂĄ loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un âmalditoâ que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. âÂżCelebramos o quĂ©? âme pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrĂĄs de Ă©l y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atenciĂłn exagerada mĂĄs los Killers que estĂĄn en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquĂ fue que LucĂan y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para Ă©l y un Whisky doble para mĂ. âÂżLa encontraste? âle pregunto curioso y rueda los ojos. âÂżPor quĂ© mierda se te hace difĂcil conseguir a una mujer capaz de parirme? âpregunto con la frente titilando. âLo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que despuĂ©s de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebĂ© âexplica y no respondo. «Hay cosas obvias» âÂżEnserio alacrĂĄn? âme pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» âBrahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su⊠âÂĄDiablos! âme masajeo las sienesâ, ÂżQuĂ© parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? âpregunto con la frente palpitante. âSolo es Brahin, no exageres âmofa. «AsĂ empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que Ă©l hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «SolĂa vivir con Ă©l, pero se metĂa en mi vida privada y decidĂ mudarme» ⊠âLas mujeres que no le importa tu reputaciĂłn son mujeres de la mala vida âexplica Brahin subiĂ©ndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios despuĂ©s de darle un poco a Aston. âNo deberĂas de comer eso, sabes perfectamente que⊠âFulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». âNo dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estĂłmago es tu problema âme contesta de mala gana. âNo soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero⊠âBrahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. âAsesino asĂ mandes o aprietes el gatillo DamiĂĄn âhablaâ, ademĂĄs, el Morgan lo tienes en la frente. ÂżQuĂ© mujer en su sano juicio tendrĂa un hijo con uno de ustedes? ÂĄLes da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de⊠âNo quiero nada de eso. ÂżQuĂ© te ocurre? ÂżCrees que soy un psicĂłpata? âme exasperaâ, no me respondas una mierda. «Se cuĂĄles son las opiniones que tiene sobre mĂ» Ven sĂĄdico querer fecundar a una mujer para que me dĂ© un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» âDinos la verdad y ya estĂĄ âhabla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando⊠âÂĄSeñor! âme habla uno de mis escolta exasperadoâ, una mujer tomĂł de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y⊠La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» âCuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas âme pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda despuĂ©s de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacĂas. âÂżYâŠ? âpregunto con la cabeza a punto de estallarme âSe perdiĂł, yo⊠âÂżQuĂ© estĂĄn esperando para conseguirla? âhablo eufĂłrico. âDĂ©jala, ÂżquĂ© puede costar ese reloj? ÂżSetenta? ÂżOchenta mil dĂłlares? âpregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. âÂĄFue el que nos dio Luciano demonios! âhablo exasperado. âBusquen esa mierda âhabla frĂo. «Perder algo que nos dio Luciano serĂa como suicidarse» âSi se los dio Luciano es porque tiene un GPS âhabla Brahin sonriendo. Qué⊠seguramente estĂĄ configurado al auto âse mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicaciĂłn. EstĂĄ cerca, asĂ que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algĂșn serio problema de vigilancia. «¿Para quĂ© ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicaciĂłn no es exacta, solo⊠âÂĄEs ella! âhabla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su direcciĂłn. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y⊠la mujer en cuestiĂłn palidece mientras sube las manos. âNo disparen por favor soy inofensiva âsuelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categorĂa que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas tĂpica de una mujer latinoamericana. âVamos niña mi reloj âhablo. âYo⊠es que⊠âtartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmĂn y shampoo barato pero delicioso» âMi reloj muchachita no tengo todo el dĂa âpido exasperado. âLo perdĂ âsuelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrĂĄs asustada. EstĂĄ descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. âÂżSabes cuĂĄnto cuesta ese reloj? âle pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. âNo tengo idea âsusurra temerosa. âBueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrĂĄs que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera âla amenazo. âÂĄNo soy una ratera! âse queja subiendo la mirada. «Descarada» âNo, entonces tĂș solo estaba corriendo porque te creĂas deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor âbufo Traga grueso sin poder contestar. âRevĂsala âdemando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrĂĄ que pagarlo» âSe cayĂł del bolso mientras corrĂa âexplica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y tambiĂ©n le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. âÂżA dĂłnde me llevan? âpregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrĂłn de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado reciĂ©n a Florencia» âA tu casa, te buscarĂ© para que me pagues la deuda âdemando tomando a Aston y subiendo sin mĂĄs a mi camioneta. «¿DĂłnde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cĂĄrcel Pov DamiĂĄn Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; estĂĄ entre dulce y ĂĄcida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le diĂł la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que⊠mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansiĂłn. âEncontramos el reloj señor, lo tenĂa un vagabundo cerca del callejĂłn donde encontramos a la señorita âme explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regalĂł mi padre y⊠efectivamente sĂ lo es. âDe la que te salvaste hermanito âme suelta LucĂan entrando tambiĂ©n al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sĂ un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, asĂ sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» âÂżY hay noticias de la extranjera? âpregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robĂł y perdiĂł mi reloj. âEs colombiana, tiene veintitrĂ©s años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas âBrahin me entrega las notas que no sĂ© como mierda encontrĂł. Es exorbitante la puntuaciĂłn con la que se graduĂł, pero mĂĄs exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. âTambiĂ©n tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmĂĄtica, vive con su tĂa materna y de sus padres aĂșn no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su paĂs natal âme muestra todo lo que quiero saber. âÂżQuĂ© piensas hacer hombre? âse mete Lucianâ, ya conseguiste el reloj, dĂ©jala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. âPero con curvas âhabla Brahin acomodĂĄndose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. âQuiero que me la lleven a esta direcciĂłn mañana por la noche âle digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quiĂ©n pareciera que pudiera leer mi mente. ⊠La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiraciĂłn la tengo acelerada y el corazĂłn pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitaciĂłn. «Las Ășltimas noches ha sido lo mismo» âAston âle hablo al animal que estĂĄ en la piecera de mi camaâ, Âżquieres dormir conmigo? âle pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer mĂĄs Ă©l acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografĂa de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colecciĂłn y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. âÂżVa a desayunar, señor? âpregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el cafĂ© en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mĂo mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porquĂ© ya se a que mierda vino y⊠âÂżSerĂĄ ella no es asĂ? âme pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» âDamiĂĄn âse masajea las sienes imitandomeâ, ÂżcĂłmo harĂĄs para convencerla de que te dĂ© un hijo, diablos? ÂĄSolo es una niña de veintitrĂ©s años, no le arruines la vida asĂ! âNo le voy a arruinar la vida Lucian âlo observo a sus verdes un poco mĂĄs claro que los mĂos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idĂ©nticos ya que, somos mellizos no gemelos» âÂżNo? âbufaâ, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su paĂs o si no le interesa tener hijosâŠâhabla y no me interesa. «No pienso tocarla» âNadie es puro a los veintitrĂ©s años âle hablo y se pone la mano a la cinturaâ, y si tiene novio que lo deje y ya estĂĄ. âDudo mucho que sepas de esas cosas âcomienza y no creo que pueda seguir soportando. âNo soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, Âżentiendes? âme exaspero logrando que suba las manos. âSolo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablĂ© con estĂĄs mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y⊠Me muestra varias fotos que medio mĂro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opiniĂłn». AdemĂĄs, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumĂĄndole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso SalomĂ© Uribe no lo sabe. âNo tendrĂ© a mi hijo con ninguna mujer de la vida fĂĄcil. ÂżQuĂ© te pasa? âMe exasperoâ, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar âlo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo habĂa hecho antes y tambiĂ©n hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde citĂ© a SalomĂ©. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregĂł Brahin junto a sus fotografĂas y, cada vez que lo hago me convenzo mĂĄs que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. âÂĄSuĂ©lteme! Yo puedo caminar sola âescucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodĂłn blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos estĂĄn pintados de un rosa pĂĄlido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robĂł un maldito reloj que cuesta mĂĄs que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mĂ. «Descarada» Me pongo de pie cuando estĂĄ cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho mĂĄs alto que ella. AdemĂĄs de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy comĂșn que digamos. âSalomĂ© Uribe âsaboreo su nombre mientras sonrĂo. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandĂbula con seriedad cuando lo hace. âVeo que ya sabes mi nombre âdice fingiendo desinterĂ©s. âHay muchas cosas que ya sĂ© de tĂ, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tĂa y⊠âVaya, quĂ© rĂĄpido ruedan los chismes en Florencia âhabla con desinterĂ©s. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quiĂ©n mierda estĂĄ hablando. âHablame mĂĄs de tĂ âle pido mientras subo la mano para pedir el menĂș. Ella toma Ă©l de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me diĂł la informaciĂłn de que es graduada de publicista, pero jamĂĄs me dijo que era tan buena; los publicista deberĂan saber mĂnimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creĂ asĂ. âÂżSabes italiano? âpregunto y asiento con la cabeza. âItaliano, ingles y español que es mi idioma natal âexplica neutra. Observo el movimientos de sus labios y tambiĂ©n lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. âNo hay nada que pueda saber de mĂ que no lo haya averiguado señor⊠âintenta decir mi nombre pero no lo sabe aĂșn. «No recuerdo habĂ©rselo dicho» âHĂĄbleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre âdice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidiĂł. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne estĂĄ jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. âTodo el mundo sabe quiĂ©n soy SalomĂ©, asĂ que no creo que tĂș seas la excepciĂłn ârespondo de manera neutra. âÂżTendrĂa por quĂ© saberlo? âme pregunta de vuelta y achico los ojos. âEso esperaba âtomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy mĂĄs de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañĂa para el platillo que pedĂ» âPues no lo sĂ©, solo sĂ© que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustarĂa saber cĂłmo puedo pagarla âhabla con voz agudaâ, no fue mi intenciĂłn tomar ese reloj de su coche, pero⊠âSe traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. âÂżPero quĂ©? âpregunto curioso. âPero no tenĂa opciĂłn âsusurraâ, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposiciĂłn âhabla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sĂĄdico, perverso por aprovecharme de la situaciĂłn sabiendo que el reloj estĂĄ a mi poder; pero asĂ soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, SalomĂ© Uribe es eso que llegĂł para cumplir mis deseos. âEs fĂĄcil lo que te dirĂ© âle hablo sonriendoâ, o un hijo o la cĂĄrcel, tĂș decides âsuelto con perversidad. IV Una deuda mĂĄs Pov SalomĂ© âO un hijo o la cĂĄrcel âdice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan mĂĄs oscuros y sus mĂșsculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ÂżUn hijo? ÂżSe volviĂł loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cĂĄmara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no estĂĄ jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razĂłn Ă©l quiere que⊠aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. âÂĄSe volviĂł loco! âhablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniĂ©ndome de pieâ, ÂżQuĂ© clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o⊠âLa voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. AdemĂĄs, ver a los hombres con trajes que estĂĄn a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. âSiĂ©ntate âme dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ÂżQuĂ© mierda te importa como huela y se vea SalomĂ©? ÂĄTe estĂĄ amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Ăl sabe que estĂĄ bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razĂłn le gusta, le excita y hasta podrĂa jurar que lo prende. âÂĄNo voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un⊠âUn mafioso con traje âme sonrĂe y trago doble. «Lo sabĂa» Desde que lo observĂ© fuera del callejĂłn supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabĂa que detrĂĄs de sus ojos verdes como el cĂ©sped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carĂĄcter sĂłlo podĂan ser la de un⊠trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y⊠sin poder protestar me siento. El corazĂłn parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ÂżEn quĂ© te metiste SalomĂ©? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor Ă©l habla de nuevo. âMi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, Âżahora sĂ te suena mi nombre Ragazza? âMe pregunta y las palabras de mi tĂa llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» âÂżQuĂ© quiere de mi señor? âVuelvo a preguntar. âÂżAcaso no he sido claro? âpregunta con altanerĂaâ, quiero que me des un hijo o si no irĂĄs detenida por el robo de mi reloj âhabla y todo se me paraliza. âAcaso⊠âintento abrir la boca pero lo cĂĄlido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. âNo tengo que decirte porquĂ©, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mĂ esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno⊠âLo Ășltimo lo dice de una manera que me causa escalofrĂo. Me remuevo en el asiento incĂłmoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; âTe darĂ© empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios âsigue. «¿Servicios?» âCĂłmo podrĂa parirle un hijo y dĂĄrselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel⊠¿No tiene sentimientos? ÂżCree que yo soy una mujer insensible? ÂĄSerĂa tambiĂ©n mĂo por dios! âEstĂĄs endeudada, tu hermana estĂĄ enferma y vives en la completa miseria, no tienes opciĂłn, solo es alquilar tu vientre y ya estĂĄ âSe traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. âÂĄNo! âgrito logrando que todos me observenâ, ÂĄes usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! âtomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahĂ como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero Ă©l los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbĂ©cil» Unos minutos despuĂ©s llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me estĂĄ costando tomar por primera vez algo que no era mĂo me exaspera y me abruma. Nunca antes habĂa tomado nada que no fuese mĂo y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismĂsimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que Ă©l no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ÂĄEs un dineral SalomĂ© y es cierto lo que dijo Ă©l! EstĂĄs en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrĂĄndome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tĂa y a SofĂa con desespero, pero⊠âÂĄNiña SalomĂ©, niña SalomĂ©! âme llama la vecinaâ, su tĂa dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al mĂ©dico, tuvo una crisis y⊠âdejo de oĂr con lo prĂłximo que me dice la vecina. SofĂa es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tĂa). Si algo le ocurre tambiĂ©n a ella, yo⊠trago grueso al solo imaginarlo. âSofĂa Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crĂłnica âle digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tĂa estĂĄ sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. âTĂa, ÂżcĂłmo estĂĄ SofĂa? ÂżPor quĂ© la ingresaron? YoâŠâla abrazo nerviosa. Mi tĂa intenta hablar, pero es interrumpida por un mĂ©dico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; âSu hermana tiene una fuerte infecciĂłn en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de dĂas âexplicaâ, en estos momentos la tenemos con oxĂgeno, ya que la infecciĂłn empeorĂł por su asma crĂłnica âsigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tĂa. Los dĂas pasan aumentando mi ansiedad; dos dĂas despuĂ©s de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegĂł una tarjeta con su nĂșmero de telĂ©fono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero⊠se que allĂĄ no tengo ninguna oportunidad, ademĂĄs de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tĂa ya no es una opciĂłn. «EstĂĄs perdida SalomĂ© y lo sabes» Entro con un jugo y un sĂĄndwich a la habitaciĂłn de SofĂa y ella sonrĂe apenas me vĂ©. Hace tres dĂas le quitaron el oxĂgeno y las fiebres que la tenĂa delirando cesaron. âÂĄSalomĂ©! âSonrĂe mostrando sus pequeños dientes. âPequeña âle muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sĂĄndwich habla con la boca llena: âÂżSabĂas que los osos de agua o tardĂgrados pueden soportar temperatura a mĂĄs de 200 grados? ÂżEs una locura no es asĂ? âpregunta y suelto a reĂr. âÂżDĂłnde leĂste eso? âle pregunto curiosa. âEn un libro que me prestĂł la enfermera âse encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades econĂłmicas de darle todo a SofĂa, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismĂĄtica y la amo tanto que⊠todo lo hago por ella. âSeñorita, pase el recibo de la cuenta a la recepciĂłn, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarrĂł la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidĂ© por completo que aquĂ la salud es paga. En mi paĂs tambiĂ©n, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepciĂłn y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que⊠me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. âÂżPagarĂĄ con tarjeta o con efectivo? âme pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragĂĄndome las palabras. Me muevo al jardĂn de la clĂnica con la cabeza dĂĄndome vueltas. ÂżY ahora como voy a pagar? Debo mĂĄs que lo que don RamĂłn le debĂa a don barriga a eso sumĂĄndole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opciĂłn SalomĂ© tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su nĂșmero. Tomo el mĂłvil que me prestĂł mi tĂa para estar en comunicaciĂłn con la casa y marco su nĂșmero con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. âÂżSĂ? âpregunta. âSoy SalomĂ© Uribe âhablo y no sĂ© porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcĂĄsticas y provocativas. Le doy la direcciĂłn donde me encuentro y le explico la situaciĂłn con rapidez para luego colgar. «Ăl no va ayudarte SalomĂ© solo le importa que le des un hijo y ya estå» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frĂo e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y⊠âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, va a pagar la cuenta o no âpregunta la mujer de recepciĂłn. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âhabla DamiĂĄn Morgan dejĂĄndome sin aliento. «Bien SalomĂ© debele mĂĄs al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov DamiĂĄn Siento como el lĂquido carmesĂ baña mi camisa poniĂ©ndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan mĂĄs oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ÂżQuĂ© se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su paĂs son asĂ: altivas, orgullosas y decididas y, aunque deberĂa de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche mĂĄs con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «VendrĂĄ a mĂ lo sé» TambiĂ©n se que no puede irse, no tiene cĂłmo hacerlo. AdemĂĄs, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. SĂ, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidĂ y es ella quien me darĂĄ un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos despuĂ©s y le indico al chĂłfer que me deje en la casa de Lucian, queda mĂĄs cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chĂłfer me deja enfrente de la mansiĂłn y entro despuĂ©s de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Ăl entra a la mĂa cuando le da la maldita gana pero aquĂ tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansiĂłn de Lucian es muy diferente a la mĂa, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnologĂa hasta videojuegos traĂdos de JapĂłn. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciĂĄndole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayorĂa de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. âQuĂ© honor tenerte en mi humilde morada âhabla Ă©l idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exĂłticos del mar. EstĂĄ sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalĂłn de casa gris y una sandalias de cuero negro. âÂżPor quĂ© mierda tengo que anunciarme para entrar? âes lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofĂĄ de cuero marrĂłn que tengo detrĂĄs. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sĂ© a dĂłnde va. âTe lanzaron el vino en la camisa âse burlaâ, es lo mĂnimo que te mereces por andar proponiendo idioteces âse queja y rueda los ojos. âCĂĄllate y busca algo para ponerme âle digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. âSe molestĂł, Âżvale? âme aniquila con los ojosâ, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecĂ trabajo y dinero âdigo orgulloso. âÂĄGuao! âse burlaâ, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que tambiĂ©n serĂĄ de ella âse traga el whisky de golpeâ, por quĂ© mejor no dejas a esa mujer en paz DamiĂĄn yo⊠âsigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con Ă©l hasta que el enojo y las ganas de asesinar a SalomĂ© se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me habĂa faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ÂżDĂłnde quedarĂa mi reputaciĂłn? » Y solo porque le pedĂ algo tan sencillo. ⊠âMe va a llamar, ya verĂĄs âle digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los Ășltimos dĂas he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asignĂ© para que la siguiera de manera discreta me indicĂł que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allĂĄ me he contenido esperando que sea ella quiĂ©n me llame. âÂżPor quĂ© lo harĂa? âme pregunta Brahin quien estĂĄ moviendo algo en mi computadoraâ, esa mujer debe estar odiandote âsigue. âNo me interesa ârecalcoâ, me odie o no cumplirĂĄ mi cometido âdigo en el preciso momento que mi mĂłvil suena. Lo tomo y sonrĂo al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus nĂșmeros registrados en mi mĂłvil» âÂżSĂ? âContesto fingiendo desinterĂ©s. Cuelgo el telĂ©fono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. âLes dije que llamarĂa âle dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opiniĂłn. Unos minutos despuĂ©s llego a la clĂnica; no es la mĂĄs costosa, pero claramente la salud en Italia y mĂĄs en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabĂĄn y entro a la sala de espera en busca de SalomĂ© y⊠la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dĂĄndole un toque perfecto. Sus labios estĂĄn pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una crĂa carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una crĂa» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. âSeñorita, necesitamos desocupar la habitaciĂłn, Âżva a pagar la cuenta o no? âle pregunta la recepcionista con molestia. âYo pagarĂ© la cuenta de la señorita Uribe âIntervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquĂ estĂĄn haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer despuĂ©s de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a SalomĂ© quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y⊠âÂżPodemos hablar en otro momento? âme pregunta y la ignoro enfocĂĄndome en la pequeña. âHola âle digo tendiendome la manoâ, mi nombre es Damian Morgan, Âży el tuyo? âle pregunto curioso mientras sonrĂo. âSoy SofĂa Uribe, Âżusted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no⊠âÂĄSofĂa! âla reprende su hermana dejĂĄndome la duda de lo que iba a decir. âLas llevarĂ© âdemando acomodandome el Rolex. âNo es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que⊠La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrĂĄs del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demĂĄs van detrĂĄs de mĂ en las otras camionetas. âÂżUsted es un narcotraficante? âme pregunta la niña de pronto dejĂĄndome frĂo. «OjalĂĄ fuera solo eso» âSofĂa por favor⊠âla reprende la hermana. âÂżPor quĂ© preguntas eso pequeña? âla detallo por el retrovisor. âEs que⊠lei en un libro que los narcotraficantes son asĂ como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto âSuelto una risita. âDeja de decir tonterĂas SofĂa âhabla su hermana con el ceño fruncido. âEstĂĄ bien, me callo, solo dirĂ© que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayorĂa son feos y barrigones âexclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. âÂżCrees que soy guapo? âle pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiraciĂłn por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. âMucho âme dice la niña sonrienteâ, hasta parece modelo âyergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» âPor favor SofĂa no mientas, no es para tanto ârueda los ojos la hermana. âÂżTĂș no crees que sea guapo, SalomĂ©? âle pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. âNo âtraga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mĂ y SalomĂ© intenta decir alguna excusa, pero⊠âTe quiero en mi casa para aclarar los tĂ©rminos de tu embarazo âdemando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» âPavel âle hablo a mi guardaespaldasâ, llĂ©vale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarĂĄn bajo mi responsabilidad âdemando sonriente.
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